Malversación de identidades

Todo separatismo es un crimen. Poco más tengo que añadir a esto, y tampoco pienso edulcorar mi lenguaje por tal de evitar herir ciertas sensibilidades ideológicas del credo racista, excluyente y pseudohistoricista del catalanismo, que ha sido un auténtico atraco a mano armada contra nuestra configuración histórica como país.

Ya podemos hablar de España (con el territorio que hoy ocupa la actual región catalana), como una protounión en el siglo III d.C., en los tiempos de la Hispania romana, como una unidad política, administrativa, monetaria, lingüística, cultural y en menor medida identitaria también, aún con sus peculiaridades regionales. Tal unidad, de base grecolatina y judeocristiana, persiste tras la caída del Imperio Romano y la posterior institución del reino visigodo, aún con sus luchas intestinas, cosa de la que no parecemos habernos recuperado aún. Más tarde, tras la invasión musulmana del antiguo reino godo, se sucedieron más de ochocientos años de pugna por el control del territorio entre moros y cristianos. Resultará chocante a los que niegan la existencia de España como nación antigua ponerse a tirar de textos de época, tanto de territorio musulmán como de territorio cristiano, y darse cuenta de que los andalusíes en el medievo ya llamaban “Asbania” (إسبانيا) al norte, dominado por los católicos de los distintos reinos, que se llevaban mal entre sí. Se llevarán otra franca desilusión cuando lean libros del otro lado de la frontera y vean cómo personajes como el mítico Cid Campeador no luchaban por Castilla ni por Aragón, sino por ESPAÑA. Más fuerte aún será el chasco cuando vean que figuras tan emblemáticas de su historicismo como los condes de Barcelona de la Edad Media, Ramón Llull o Jaime I de Aragón se reivindicaban españoles, y no catalanes, y ya que hablan de cuando Cataluña era una nación y España no existía, conviene recordar que los reyes de Inglaterra, Francia y el Sacro Imperio Romano Germánico reconocían una entidad española en los reinos cristianos.

Con respecto a la lengua, podemos irnos a los cancioneros y poemarios de la Cataluña medieval y moderna. Precisamente el español ya les era conocido a los catalanes entre los siglos XIII y XIV, tanto que hablaban de él como una lengua propia al igual que la suya vernácula, y ya existían comunidades importantes de castellanoparlantes que además dejarían su impronta en la literatura popular. Igualmente conviene recordar que pese a ser el catalán la lengua mayoritaria en el Reino de Aragón, el castellano fue también lengua oficial, y las leyes, ordenanzas y edictos se redactaban a menudo también en ella.

Llegados a este punto vemos cómo Cataluña, con su propia lengua que tantas buenas obras culturales, científicas y literarias ha aportado; con su folclore mitológico tan especial y tan lleno de vida, con sus personalidades que han contribuido al devenir histórico de España y de la Hispanidad en su conjunto, y con su carácter aventurero, emprendedor y decidido, ha sido siempre una región vertebral española, y la historia de nuestro país no tiene ningún sentido si no hablamos de Cataluña igual que Cataluña carece de significado sin España. Entonces, ¿cuál es el verdadero problema catalán? El canciller de hierro, Otto von Bismarck, lo expresó de maravilla con una simple cita: “Lo increíble de España es que con una clase política tan inepta siga existiendo” . Teniendo en cuenta la excesiva cantidad de cargos políticos que soportamos, cuyas ideologías nos gusten o no sufragamos con nuestros impuestos cada vez más altos, en vez de que cada partido se financie a través de las cuotas por afiliación y por donaciones, el presente le da la razón a Bismarck. La política debe existir para su único propósito, que no es otro que asegurar a los ciudadanos un medio de vida digno, en buenas condiciones, que al mismo tiempo les permita disfrutar de lo más precioso que hay en este corto trayecto, que es el tiempo, y garantizar una seguridad a su gente, y una justicia razonable. No parece ser la prioridad de nuestra partitocracia, aunque parece que sí que lo está siendo darnos lecciones sobre qué debemos pensar sobre nosotros y nuestro pasado, cómo debemos vivir nuestra vida y cómo debemos ser. Nosotros solitos les hemos concedido la autoridad moral para ser los maestros shaolín del nuevo mundo, y por tanto, no superaremos la dictadura moderna hasta que les arranquemos las atribuciones que les hemos dado y no dejemos nuestro pasado y nuestra identidad en manos de los investigadores, que para algo son estudiosos y expertos en sus campos, y se fomente al fin un ambiente de auténtico debate frente a la mordaza y el tabú que llevan décadas imponiéndonos. En Cataluña hay un problema político, nadie lo duda, pero no es muy diferente del que arrastra el país entero, víctima de las mismas maniobras de ideologización de la sociedad, corrupción institucional, fragmentación social intencionada e intereses, tanto de nacionales como de entes foráneos (véase, por ejemplo, el color neomarxista que ha aglutinado por completo el nacionalismo catalán. A nivel geopolítico tiene una explicación, como todo lo que ocurre desde que el mundo está globalizado y los países son cada vez menos dueños de su destino. Desde que Rusia se propuso desestabilizar a Europa, puso sus ojos en Cataluña y financió gran parte de la deuda pública de la Generalidad)





Dejando a un lado la historia, a la que volveremos enseguida, vayámonos a una cuestión práctica. Sabiendo que la relación entre Cataluña y España es totalmente contrapuesta a la que hoy día pueda existir entre chinos y tibetanos, o la que en el pasado tuvieran argelinos y franceses o indios y británicos, puesto que Cataluña es parte íntegra de España, ¿qué pasaría si nuestros gobernantes cometieran la tamaña insensatez de concederles el referéndum de autodeterminación y la independencia ganase? Balcanización es una palabra de causar terror al más templado, si recordamos la guerra que tuvo lugar en la antigua Yugoslavia durante los años 90, no por el hecho de que podamos enfrentarnos a un conflicto armado (yo personalmente no lo creo), pero sí que es cierto que la sociedad podría llegar al punto álgido de la polarización que en este país cada día va a más, con toda la violencia ideológica que ello sin duda ocasionaría. Una vez lograda la independencia, quedarían una mayoría de ciudadanos que se sienten españoles atrapados en el nuevo estado, a quienes no les quedaría más remedio que abandonar sus hogares, a semejanza de los desplazamientos forzados de población en el conflicto balcánico, por no hablar de la cantidad de empresas que abandonarían la región. Después de esto, habría una inevitable escasez de recursos y una preocupante inflación de la moneda, con el consecuente nivel de pobreza que eso traería, y como suele ocurrir, no tardarían en aflorar todo tipo de mafias, convirtiendo Cataluña en un narcoestado, tal y como vienen padeciendo muchos países latinoamericanos desde el pasado siglo. Un país que se precie (y España tiene muchas razones para quererse y valorarse) no puede permitir que algo así ocurra. Sería abandonar a millones de españoles a la ruina más absoluta y a la anarquía incontrolable. Por ello, los indultos que en nombre de una falsa concordia ha concedido Pedro Sánchez a los golpistas de 2017, son un auténtico crimen contra los catalanes, contra el resto de los españoles y contra la democracia. Primero, porque no es una independencia de todos a un tiempo, sino de una minoría radical e impostora, y segundo, porque ha sido un descarado interés personal el que le ha llevado a hacerlo. Ni más ni menos que aferrarse a la silla en la Moncloa a cualquier precio, todo por tal de que los independentistas continúen brindándole su apoyo.

Tales partidos separatistas nunca debieron existir en realidad, menos aún teniendo en cuenta el pasado criminal y doctrinario que les avala (Esquerra Republicana, en su golpe de 1934 puede ilustrarnos a todos contándonos los 10.000 catalanes a los que mandó asesinar). Ellos, en realidad, amenazan claramente en sus programas políticos con romper España, no acatar la Constitución de 1978 y defienden posturas claramente antidemocráticas. Sin embargo, en aras de una pretendida concordia nuevamente, se les permitió participar en política aún cuando todos sabían que su objetivo era dinamitar la democracia española desde dentro, todo por no alzar la voz demasiado y llegar a un acuerdo lo más rápido posible. Constituciones de países europeos serios como pueden ser Portugal, Italia, Francia o Alemania establecen claramente que ninguna opción política que pretenda disgregar la unidad nacional o la estabilidad democrática será legalizada. En el caso de España, el régimen del 78 se construyó deprisa, corriendo y pasando por alto demasiados puntos esenciales, y el resultado lo tenemos a la vista, con los separatistas vascos y catalanes en el gobierno, y partidos que se reconocen sin tapujos como totalitarios, tales como Alianza Nacional o el mismo Partido Comunista Español, con presencia en las urnas. La democracia es bonita y es el mejor sistema para esta parte del mundo sin lugar a dudas, pero su equilibrio debe ser fuerte, y ahora mismo está más débil que nunca. No hay democracia sin unanimidad total en cuanto al principio de pluralidad, solidaridad, libertad y unidad que establece, y no se puede permitir que sus enemigos la destruyan desde dentro. En una época en la que tantos derechos fundamentales se han recortado y tanta división se ha creado, sería difícil someter la Constitución Española a debate y reescribirla, pero no sería mala idea construir la estructura de nuevo si alguna vez las aguas vuelven a su cauce…

Puede ser que fuese por tapar vergüenzas o por no dar lugar a grandes tensiones, pero si hay una verdad incuestionable en todo esto, es que nuestros gobiernos tanto del PP como del PSOE han callado y han dejado pasar mientras que el nacionalismo catalán presentaba batalla cultural entre su gente con el campo abierto para él solo, sin una oposición que le pudiera hacer frente. Así, Cataluña ya ha llegado a constituirse en un pseudoestado con policía autonómica propia, en detrimento de nuestras fuerzas nacionales que cada vez tienen menor presencia y potestad en la zona. El español, lengua común de todo el país, tan catalana como el propio catalán, y además mayoritaria (un 56% de catalanes la usa como primera lengua), ha pasado a ser una simple asignatura de tres horas semanales en el programa educativo, y además se ha permitido que funcionarios muy válidos de habla castellana tengan que aprender catalán sin más remedio para ser admitidos, al igual que se ha fomentado que para acceder a muchos puestos sea condición indispensable dominar el catalán. Por rotular un negocio en la lengua oficial del Estado, muchos empresarios han sido multados. Por hablar en español en los patios de los colegios, muchos niños catalanes son castigados, y en muchos casos, incluso rechazados por sus compañeros de clase. Con dinero de todos los españoles, los gobiernos de la Generalitat han podido construir criptoembajadas por el extranjero aún cuando ninguna región tiene la potestad para hacerlo. Y además de eso, los gobiernos españoles han tenido absoluta complacencia viendo cómo desde los medios de comunicación regionales se hacían afirmaciones como las que voy a citar a continuación:

«El hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido […], es generalmente un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido un poco amplio de comunidad. A menudo da pruebas de una excelente madera humana, pero de entrada constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España. Ya lo he dicho antes: es un hombre destruido y anárquico. Si por la fuerza del número llegase a dominar, sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña. Introduciría en ella su mentalidad anárquica y pobrísima, es decir su falta de mentalidad Jordi Pujol.

“La sentencia del Tribunal Supremo es la más grave contra las instituciones y los dirigentes catalanes desde el fusilamiento de Lluís Companys” Pilar Rahola (en memoria de Lluís Companys, un asesino de personas declarado).

“La respuesta será tan beligerante por parte del Estado hacia Catalunya que simplemente la opción de quedarnos como estamos es inimagibable” Raúl Romeva

“Vivimos ocupados por los españoles desde 1714” Quim Torra

“Franceses y españoles comparten la misma concepción aniquiladora de las naciones que malviven en sus Estados” Quim Torra

Eso por no hablar de lo que los medios de comunicación catalanes han promovido, que va mucho más allá de estos insultos a otros españoles o a las amenazas sistemáticas al Estado. Han llegado a decir que promover un éxodo masivo de castellanos (fundamentalmente andaluces, manchegos y extremeños) hacia Cataluña fue una estrategia del Estado español para castellanizarles y eliminar su sentimiento de nación, cuando en realidad se concedió a Cataluña ser la principal región industrial del país y aquella migración fue la que precisamente levantó la economía catalana. Hoy, sus líderes políticos y sus periodistas llegan hasta el punto de discriminar entre catalanes de primera y de segunda en función de sus orígenes (no da el mismo prestigio llamarse Lladó, Vilaseca o Escudé que llamarse Martínez o Fernández). En panfletos propagandísticos incluso han llegado a hablar de la superioridad catalana en parámetros de ADN (al más puro estilo de los científicos racistas del siglo XIX, que bajo ese pretexto justificaban el colonialismo). Han adoctrinado a millones de niños hablándoles de una presunta nación esplendorosa a la que se han dedicado los españoles a subyugar, y han manipulado el impulso revolucionario de los jóvenes, canalizándolo en violencia y radicalismo, llegando a agredir a personas que llevaban una bandera de España o se sentían españoles. Incluso en los comercios catalanes se ha visto cuando entraba alguien con una rojigualda en sus vestiduras y no les han dejado entrar por hacerlo.

El error ha sido de España, por dar concesiones sin parar a estos líderes sectarios y no haberse ocupado en estar más presente en los medios de comunicación y en la cultura de una región tan española como las demás para combatir ese credo del horror que con una aureola de mitología basada en un pasado glorioso por reconstruir ha calado en la mente de tanta gente sin que nadie se interponga. Ideologías abominables y peligrosas como el nazionalsocialismo o el bolchevismo también lo hicieron en el pasado, y aún siguen con su tarea.

¿Será Cataluña independiente? Si nos atenemos a las amenazas de Rufián a Sánchez en el Congreso, ya se han logrado los indultos, cosa que hace años el presidente rechazaba en rotundo, así que el siguiente paso será la independencia. Me da cierta tranquilidad, hasta cierto punto, saber que lo que esta panda de sátrapas desea por encima de todo es el dinero de subvenciones y asignaciones que les vienen del Estado español, y que su mayor beneficio radica en su pertenencia a España. Después de todo, llevan muchos años viviendo del dinero que nos sablan sistemáticamente a todos, sería de imbéciles pensar que iban a renunciar a él. No obstante, en un año y medio hemos visto tantas cosas que ya no descarto nada… Lo que nos queda es presentarles batalla cultural, tanto a los sátrapas de allí como a los que mantenemos a nivel nacional, y el tiempo quizá hable… Aunque me muestro bastante pesimista frente al futuro viendo cómo se desmorona todo lo que hace poco dábamos por sentado. De insensatos es rendirse…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: