La pose rebelde

“A mí la pose rebelde me sienta muy mal. El que dice que es rebelde y anarquista, y que por eso pasa de todo, si le oyeran los anarquistas de verdad ya le habrían pegado tres ostias porque se las merece. Anarquista era Durruti. Que le pregunten a Durruti si pasaba de todoJulio Anguita

Si decido no mojarme con algo lo hago porque soy consciente del polvo que puedo levantar después de abrir la boca, por eso es mejor dejarme tranquilo cuando simplemente prefiero que el mundo corra a su puñetero aire. El problema es que la gente a mi alrededor se ha empeñado estas semanas en tirarme de la lengua. Primero en el bar de siempre a la hora del desayuno y durante el café de la tarde. Días más tarde fueron viejos colegas de facultad que en años no se han acordado de mí ni para felicitarme un año nuevo o un cumpleaños quienes se pusieron en contacto conmigo para expresarme lo decepcionados que estaban por no haberme visto junto con “los míos” “luchando” “por la libertad de expresión”. A modo anecdótico me voy a permitir contar que alguno de estos engendros que solo se acuerdan de mí con fines ideológicos son artífices de frases como esta que voy a citar a continuación: “Por mí como si esta España asquerosa se cae a pedazos”. No quería hablar pero me han puesto contra las cuerdas y ya no me queda más remedio. Nadie más que yo quisiera ver al pueblo tomando la calle sin miedo luchando por lo que es justo, y por eso mismo me llevo las manos a la cabeza decepcionado, porque nadie se ha lanzado a reclamar al Estado que las familias víctimas de los cierres de negocios forzados sean compensadas debidamente, ni tampoco por todos los derechos y libertades esenciales que les están siendo pisoteados a las personas, tales como la movilidad, la reunión, disfrutar de un jodido paseo nocturno, expresarse libremente sin ser hostigado ni censurado, respirar… Con el futuro de gran parte de la población en una deriva turbia, asustados, amordazados y bajo presión, es una inconsciencia propia de una sociedad enferma al borde de su declive salir a destrozar el mobiliario urbano que todos sufragamos con nuestros impuestos, cargar contra las terrazas de los bares y los escaparates de los comercios para hurgar aún más en la herida de los trabajadores injustamente castigados y hastiados aprovechando para saquear el género del comerciante y de paso acorralar y agredir a quienes no piensan igual que ellos, encima aplaudiendo y defendiendo estos actos que nada tienen de valientes ni de libertarios. A todos los que habéis participado en esta campaña de violencia ideológica, no sois ningunos héroes. Estáis tomándoos molestias por un aprendiz de rapero que se ha creído Shakespeare, ideologizado en el odio enfermizo, mientras que los gurús del falso liberalismo que no hace nada más que prohibir, imponer y hostigar a quienes no comparten sus ideas se cuelgan su foto como una medalla en el pecho. No sois rebeldes. Sois unos borregos y unos salvajes. No lucháis por la libertad. Sois esbirros de quienes la corrompen. 

Antes de continuar, aprovecho para mostrar mi rechazo al encarcelamiento de Hásel, como al del grueso de la población carcelaria de este país. Desde luego es bochornoso que siendo España junto con Grecia y Portugal la nación europea con menor tasa de criminalidad tenga sus instituciones penitenciarias al 145% de su capacidad de ocupación, más aún cuando la gran parte de los reclusos cumplen condena por delitos económicos que podrían redimir de otras miles de formas. Las cárceles existen por lo que existen. Para proteger a la ciudadanía de individuos dañinos y peligrosos como asesinos, pederastas, violadores, terroristas… En el resto de los casos deja de tener sentido, y solo sirve para transformar a una persona en la que queda algo de bondad en un ser lleno de odio y de rencor por todo lo que sufre ahí dentro. Una vez egresado muy probablemente volverá tras las rejas en muy poco tiempo. Una multa como compensación por sus delitos de enaltecimiento al terrorismo de ETA y Al-Qaeda, su apología al golpismo catalán y su incitación al odio y a los crímenes más macabros que al estilo del más perfeccionista de los psicópatas plasma con todo lujo de detalles y las agresiones a un periodista y a un testigo en un juicio bastaría como sanción, a lo que quizá habría que añadir un mínimo de tres años de servicios a la comunidad en su tiempo libre (por ejemplo, atendiendo a ancianos en residencias, a enfermos en los hospitales, encargándose del mantenimiento de edificios e instituciones públicas, colaborando en planes de reforestación nacional, etc.). Al fin y al cabo las penas deben servir para edificar y rehabilitar. Lo que está más que claro es que un país que se precie no debe permitir que nadie se mofe de las víctimas del terrorismo, ni que se aliente una guerra callejera destructiva, ni que la psicopatía sea motivo de alarde, ni que se queme públicamente su bandera. La misma razón por la que movimientos violentos como los neonazis o los antifascistas deben ser condenados. Porque le pese a quien le pese vivimos en una democracia, en la que es tan necesario que existan tendencias progresistas como tendencias conservadoras. Pero hay ciertas líneas rojas que no se deben traspasar para asegurar la libertad de todos, y las primeras son la integridad física y moral de las personas, cosa que Hásel no ha tenido en cuenta hablando en sus canciones de cómo habría que explotar el coche de una personalidad política, cuántos tiros en la nuca merecen ciertas personas o cómo habría que atornillarle a otra persona la garganta hasta quitarle la vida, además de arrojar un líquido de limpieza a un cámara de TV3 y propinar una paliza a un testigo que estaba dispuesto a testificar contra un amigo suyo. Que no nos engañen diciéndonos que ha sido por injurias a la Corona. 

El que más y el que menos, todos tenemos demasiada tensión acumulada por la situación actual, y la historia nos enseña una vez más que la rabia contenida a menudo acaba en agresividad y en unos gritos imponiéndose por encima de otros. Es esto precisamente lo que nuestro lastre de oligarquía política ha aprovechado para volver a confrontarnos en un país de pensamiento limitado precisamente por culpa de las ideologías, canalizando nuestra furia y nuestra desesperanza en la foto de un falso mártir, haciendo creer a los más jóvenes que por tomar la calle arrasando con todo a su paso daremos un paso más hacia la libertad. No somos libres ni rebeldes por hacer daño a la gente trabajadora y sembrar el pánico en la vía pública. Solo mercenarios al servicio del pseudolibertarismo que desde sus poltronas gana votos y publicidad para las próximas urnas. Están valiéndose de vuestra ira para polarizar a la sociedad cada vez más, hasta que llegue lamentablemente el día en que las puñaladas en los supermercados sean la moneda de cambio.

 Si por alguien vale la pena dar la batalla por las redes y lanzarse a gritar es por todos esos trabajadores y esos autónomos a quienes han llamado “no esenciales” y les han prohibido trabajar aunque los costes de toda esta crisis siguen recayendo sobre sus hombros, dando igual si se arruinan. Es por toda la gente vulnerable por quienes no se ha hecho ningún esfuerzo. Es por quien no va a vivir para luchar. Es por las víctimas de abusos policiales que tan frecuentes han sido en este año que llevamos de coronavirus. Por el atentado contra nuestra libertad de decidir qué hacer con nuestro cuerpo con esos pasaportes de vacunación que quieren imponernos, obligándonos prácticamente a meternos una sustancia dudosamente benigna para nuestro organismo. Por subirnos cada vez más los impuestos de los productos básicos y haber montado un lucrativo chiringuito con el negocio de las mascarillas con sus multas correspondientes por no llevarla. Por los niños y jóvenes a los que se ha prohibido disfrutar de esta etapa de sus vidas.

Espero que al llegar el próximo 9 de mayo este gobierno al fin pague por sus crímenes. Desde luego, por la gente trabajadora que tanto viene padeciendo es por quien voy a romperme el pecho. Por un robot ideológico como Hásel, no. 

2 comentarios sobre “La pose rebelde

  1. Hola Juan, claro que no ibas a participar en llevar a cabo semejante salvajada bajo el pretexto de lucha contra el mal que se le está haciendo al pueblo. Pues nada tiene que ver con luchar por lo que son nuestros derechos. En mi humilde opinión, ser rebelde requiere algo más difícil que que prenderle fuego a un contenedor o dañar un espacio público.. ser rebelde requiere y conciencia y sabiduría. Soy rebelde porque quiero cambiar mi situación a mejor, no a peor. Entonces ¿Porqué hacer daño, si lo que pretendo es proporcionar bálsamo para para las heridas y no sal para que escueza más?
    Buenas noches amigo!

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