La aventura del socialismo árabe (Primera Parte)

“Ahora hay que crear las condiciones para la gran revolución árabe del siglo XX, que permitirá a los árabes volver a entrar en la historia” . Michel Aflaq, cofundador del Partido Baath socialista árabe y teórico del socialismo árabe.

La democracia sigue siendo el mejor sistema del mundo mientras que el futuro no demuestre lo contrario, si bien el modelo democrático español actual no me representa ni a mí ni a la mayoría de los españoles por ser un sistema partitocrático, cleptocrático y de bocas amordazadas cuya voluntad ha sido aplastada, convirtiéndonos en meros acatadores pasivos. Mi democracia es participativa, al estilo suizo o californiano, aunque veo muy lejos el día de su aplicación en este país.

Hago este breve inciso porque con respecto a los sistemas políticos en el mundo árabe hemos demostrado analizarlos con una óptica exageradamente eurocéntrica y evolucionista unilineal, dejando a un lado la cosmovisión y la realidad social de estos países, aún muy distantes de estar preparados para una democracia. Cuando se habla del socialismo árabe, que cayó en la gran parte de las repúblicas donde fue aplicado, los occidentales y los árabes occidentalizados arguyen que eran sistemas autoritarios, y razón no les falta. Sin embargo, al juzgar los hechos históricos, sin darnos cuenta tendemos a valorarlos con nuestra óptica actual, como si la gente de aquel momento puntual supiera ya lo que vendría después. Trasladándonos a la realidad de los países árabes en donde estos movimientos socialistas tomaron el poder entenderemos mucho mejor estas fórmulas políticas que vinieron como un avance en derechos sociales, derechos de la mujer, crecimiento económico e impulso cultural que quizá hoy en un entorno árabe-islámico donde aquel Egipto laico y liberal está perdiendo su posición de faro cultural en detrimento de una monarquía absolutista y teocrática donde se celebran debates televisivos sobre si hay o no que matar a los apóstatas que dejan el Islam, podría hacer frente a esa islamización furibunda y agresiva que pretende anular a los árabes y llenarles de odio. Con todos los defectos que pueda tener el socialismo árabe, lo cierto es que en la era moderna nunca han florecido tanto las artes, la cultura y la ciencia, ni las mujeres han tenido tantos derechos, ni la agricultura y la industria han crecido tanto, haciendo de estos países aún feudales, sacralizados y atrasados potencias prácticamente autosuficientes.

En el plano cultural, el mundo árabe llevaba siglos sin ser lo que era. Tras la decadencia de los sultanatos autóctonos y la absorción de todo el mapa árabe, salvo Marruecos, por parte del Imperio Otomano, la lengua árabe dejaba de ser un idioma creador de cultura y ciencia. Como vestigios vivos de una grandeza pasada, solo quedaban el Corán y la enorme biblioteca de literatura clásica, pero fue el turco oficial y dominante el que tomó el relevo. En una ocasión, incluso las autoridades turcas del momento pretendieron cambiar el Corán del árabe al turco, aunque afortunadamente no tuvo mucho éxito aquella intentona. A finales del siglo XIX y principios del XX, con la decadencia del Imperio Otomano, hubo un resurgimiento de la literatura árabe impulsado por cristianos sirios, palestinos, libaneses y egipcios principalmente que habían emigrado a Europa, Estados Unidos y América Latina y quisieron emular el auge literario de estos países, pero ni mucho menos fue tan fuerte como lo que vendría a mitad de siglo. Durante y después de la colonización europea el árabe estaba relegado a lengua litúrgica y a la poesía y el cancionero popular, pero nada más, y la época de esplendor en la que los viajeros hambrientos de saber viajaban desde Rusia hasta las bibliotecas de Córdoba, Damasco o Baghdad, y debían de aprender árabe para poder entenderlo, eran poco más que una leyenda anecdótica.

En el plano social, aún era muy feudal el mundo rural. Las estructuras de poder anteriores a la presencia británica, italiana y francesa fueron respetadas por los colonizadores y permanecieron después de su partida, en la que unas oligarquías locales acaparaban prácticamente todo el poder y la riqueza. Como unidad básica, antes que la nación, persistía la tribu, y los enfrentamientos y odios históricos clánicos estaban más encarnizados que nunca, así como las rencillas entre grupos étnicos y religiosos, muy diversos en este área geográfica. Aparte de esto, el componente religioso como fuente del derecho era el más fuerte, sin tener prácticamente apertura a un código civil moderno, y esto dio lugar a violaciones brutales de los derechos humanos, enclaustramiento permanente de la mujer en el hogar, acceso exclusivo de una minoría a la educación, y lacras tan grandes como matrimonios forzados de menores de edad.

En cuanto a la economía, tampoco marchaba la cosa mucho mejor. Los colonizadores se marcharon, pero continuaba existiendo una dependencia casi total de las antiguas metrópolis (en el caso de Egipto, los británicos se ocuparon de su defensa y de la extracción de algunos recursos hasta 1956, favorecidos por la monarquía egipcia del momento). Con una agricultura tradicional y rudimentaria, latifundista, y una tecnología arcaica, a menudo necesitaban importar ciertos alimentos de Europa, y a nivel industrial, era muy poca la industria que había y permanecía tal cual la habían dejado los europeos, por no hablar de que eran a menudo petroleras extranjeras las encargadas de extraer los recursos petrolíferos de los países.

Políticamente, en Siria, Libia, Egipto e Irak gobernaban monarquías que eran de por sí vistas como extranjeras por los pueblos. Familias reales que habían estudiado en Francia y en Reino Unido, y que habían sido impuestas por los colonizadores como parte de un plan de resolución post-colonial. Aún así, el elemento clánico seguía siendo el más importante en estos estados con larga trayectoria histórica aunque jóvenes en su creación, donde ante tanta diversidad resultaba imposible crear una cohesión social duradera.

Resumiendo, siglos de oscurantismo, medievo, control oligárquico de la población y la riqueza, paisajes cubiertos de arena y superstición. Sin duda era necesario un reformismo audaz y rígido que transformase aquellos países y les diese una voz en la comunidad internacional.

IMAGEN DE LA LIBIA ITALIANA, CON UN NATIVO ENCADENADO COMO OBJETO DE BURLA

IMAGEN DE LA SIRIA DE LOS AÑOS 30, AÚN BAJO DOMINIO FRANCÉS

Aquel movimiento reformista surge en la Universidad de la Sorbona en París en los años 30 y 40, cuando dos sirios hijos de comerciantes de grano se conocen e intercambian ideas. El primero era Michel Aflaq, un joven cristiano ortodoxo, estudiante de Ciencias Políticas, y el segundo era Salah ad- Din Al Bitar, musulmán sunní. Los dos estudiantes sirios, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, con el auge de los movimientos anticolonialistas (en muchos casos alentados por Hitler y por la Unión Soviética más tarde), postularían una vía para que los árabes pudieran hacerse valer tanto en el plano interior como en el internacional, con una pulsión modernizadora, aperturista y nacionalista sin renunciar en ningún momento a la arabidad diluida en las aguas del islamismo y el medievalismo de aquel entonces.

MICHEL AFLAQ
SALAH AD-DIN AL BITAR

Básicamente estos fueron los postulados de la nueva fórmula que daría a los árabes el impulso que merecían:

  • Unidad y libertad árabe. El principio socialista árabe básico de regresar a los valores de la época dorada en la que apostaron por la innovación, el conocimiento y el desarrollo. La primera idea, de viabilidad cuestionable, era unir a todos los pueblos desde Marruecos hasta Irak en una sola nación y así crear una gran superpotencia de lo más rica en recursos, cultura y tecnología que pudiera hacer frente a los dos grandes bloques del momento.
  • Rechazo al colonialismo. Con esto, no estamos hablando únicamente de expulsar a los colonizadores, sino de expulsar toda injerencia foránea que eran causantes del atraso del mundo árabe. Se acabaría así la educación elitista de una minoría a la francesa y a la inglesa, se nacionalizarían los recursos de los países, se concedería un privilegio absoluto a la lengua árabe y se volverían a alzar los valores de solidaridad, amor a la familia y unidad social. Por otra parte, se crearía una industria propia que diera autosuficiencia a las naciones árabes, haciéndolas competitivas y fuertes.
  • Laicismo. Teniendo en cuenta que uno de los dos teóricos del movimiento era un cristiano ortodoxo, es lógico pensar que el socialismo árabe sería laico. Esto no significa en absoluto que los árabes renunciarían al Islam (aunque este fue el argumento más fuerte que utilizó la propaganda islamista), pero sí se daría lugar a una libertad de conciencia del individuo como manera fundamental de entender el mundo y la espiritualidad, y antes que ser musulmanes, cristianos o judíos, los árabes eran árabes. Al mismo tiempo se elaborarían leyes civiles sin influencia de la shariah, se favorecerían los tribunales civiles frente a los religiosos y se daría lugar a un gobierno de tecnócratas especialistas en sus materias, restando el poder tradicional de los ulemas.
  • Oposición al capitalismo occidental. En los países de corte socialista árabe las multinacionales, la banca y la industria extranjera quedaron fuera de juego y se apostó por la gestión nacional de las mismas. El sector público tomaba el control mayoritario de la economía, subvencionando incluso productos alimenticios básicos, sin por ello renunciar a principios básicos como la propiedad privada o la libertad de empresa, como postulaban las teorías marxistas.
  • Oposición al comunismo marxista. Aunque a nivel político se intentó separar en la medida de lo posible la religión de los asuntos de estado, la espiritualidad y la religiosidad era entendido por la gente como algo consustancial a la arabidad, por lo que se rechazó el postulado ateísta propio del marxismo (salvo en Yemen del Sur, único país del mundo árabe donde el comunismo ateísta triunfó, creándose una mezcla tan explosiva como marxismo y shariah juntos)
  • Oposición a las monarquías. Aquellas monarquías pro-occidentales que fueron instauradas por los antiguos colonizadores en Egipto, Siria, Libia e Irak y las de Arabia Saudí, Omán, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Kuwayt o Bahrein que antes de la colonización fueron colocadas por el famoso Lawrence de Arabia, eran vistas como restos de la barbarie colonialista y opuestas al progreso.
  • Contra el sionismo israelí. Prueba de ello fue que estos países fueron los únicos en combatir la ocupación judía de Palestina en numerosas ocasiones, bien por la vía diplomática o bien por la vía militar.
  • Reforma agraria e inversión en infraestructura. Para eliminar aquella estructura feudal de propiedad de la tierra era necesario llevar a cabo una política de expropiaciones que eliminase la gran propiedad de las antiguas aristocracias desde la época de los otomanos para entregar pequeñas extensiones de tierra a la clase campesina más humilde. Del mismo modo se modernizó la maquinaria agrícola y se puso especial interés en hacer de tierras áridas, muertas y pobres espacios cultivables. El gobierno de Nasser en Egipto construiría la presa de Assuán que conduciría el agua del Nilo por todo el país, generaría energía eléctrica y abastecería a las regiones más desfavorecidas, al igual que el gobierno de Gadafi en Libia construiría el Gran Río Artificial, toda una red de tuberías que conducirían el agua desde el norte de país hasta la región sahariana.
  • Reindustrialización. Una de las tareas de vital importancia en la lista de prioridades era reducir a mínimos la importación de productos, por lo que se fomentó el emprendimiento tanto a nivel estatal como privado en toda clase de industria.
  • Reforma educativa. A día de hoy el mundo árabe presenta altos niveles de analfabetismo, pero fue en estos países donde los esfuerzos se concentraron especialmente en universalizar la educación, favoreciendo las escuelas mixtas , implantando la educación obligatoria y modernizando de principio a fin los sistemas educativos y las universidades.
  • Derechos de la mujer. No se pudieron obtener para todas por igual los derechos que se esperaban, aunque hubo avances muy importantes que consiguieron los gobiernos reformistas socialistas. El matrimonio de niñas menores de edad quedaba prohibido por ley, en Egipto se concedería el derecho a voto en 1956, el velo obligatorio quedaba abolido, a la poligamia se le pondrían restricciones sin llegar a abolirla del todo, se concedía el derecho de divorcio… Fue en esta época cuando las mujeres tuvieron más voz que nunca y poblaron las universidades.
  • Oposición al Islam político. Para la modernización de los países los populismos fundamentalistas religiosos, que calaron sobre todo en los sectores más humildes, eran vistos como retrógrados que venían a anular todas las libertades sociales que se habían conseguido, y aunque sus partidos fueron en mayor o menor grado dependiendo del país del que hablemos, siempre se les combatió con dureza.

ESTUDIANTES EN SIRIA EN LOS AÑOS 60

EGIPTO EN LOS AÑOS 60

A no ser que las reformas hubieran llegado por medio del petrodólar (cosa que nunca llegó a la nación bajo manto americano de Arabia Saudí), no se pudieron hacer de otra forma que no fuese autoritaria. No todo fue siempre como en la teoría se pretendió, pues en Egipto hubo momentos de paz y tolerancia y momentos de tensión con la comunidad cristiana copta que suponía un 15% del total de la población egipcia, que aunque legalmente eran igual de egipcios que los musulmanes, a menudo eran vistos como élites favorecidas por los británicos en los tiempos del colonialismo, igual que con los islamistas radicales, que en tiempos de Nasser fueron encerrados en campos de concentración. A esto hay que añadir que para llevar a cabo estas políticas se hubo de pactar con los jefes tribales que estaban fuertemente islamizados, y las alianzas en ocasiones se pudieron producir, y en otras hubo violencia entre la tribu y el poder central. Sin embargo podemos hablar del momento de mayor desarrollo de los países árabes, en el que países como Libia llegaron a tener el mismo nivel de vida que países de la Unión Europea como Italia o Portugal, fueron potencias fuertes y reconocidas internacionalmente, hubo un altísimo porcentaje de hombres y mujeres titulados universitarios, la pobreza y el paro quedaron prácticamente reducidos a mínimos y apenas existió la deuda externa.

A día de hoy, solo han quedado en pie gobiernos socialistas árabes en Argelia (donde menos se aplicó finalmente), en Egipto (relativamente) y en Siria, donde ha resistido Bashar Al Assad a la barbarie impuesta al país por la comunidad internacional. En una Libia rica y próspera se criminalizó internacionalmente a Muammar Al Gadafi y por alguna razón que desconocemos, Occidente lleva a cabo una intervención criminal en el país para derrocarle en el poder, quedando así un país fragmentado en dos gobiernos que desde 2011 se disputan el poder sumiéndolo en un caos y una violencia antes no vista. En un Irak gobernado por un déspota oriental intervino también una coalición internacional con una crueldad de guerra antes no conocida para dividir el país y ocuparlo militarmente. Curiosamente en los países que prácticamente no tenían deudas con el Fondo Monetario Internacional, surtían de petróleo a Occidente, eran prósperos y autosuficientes. Ahora solo queda un avance inquietante de esos populismos islamistas que dando caridad a las clases sociales más desfavorecidas, construyendo mezquitas, escuelas y hospitales y enseñando religión a los más jóvenes se hacen un hueco en los hogares de las personas, llevando a la población a un retroceso y un sentimiento de pecado contra el que durante el siglo pasado se había combatido duramente. Mientras tanto, El Cairo que antes fue el principal foco de cultura y sabiduría del mundo árabe va decayendo en detrimento de los rigoristas países del Golfo. No sé qué puede deparar el futuro al mundo árabe, pero por lo pronto espero que el nuevo oscurantismo sea parado a tiempo y que dejen a los pueblos ser dueños de su destino, a diferencia de las atrocidades que han tenido lugar en este siglo de guerras en teoría “liberadoras” contra las cadenas de los dictadores, que más que primaveras demostraron ser heladas árabes, en las que el islamismo tomó una fuerza antes no vista, quizá para debilitarles.

En los próximos artículos nos dedicaremos a pormenorizar en la situación de los distintos países donde el socialismo árabe triunfó, desde el Maghreb al Mashrek (Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Siria e Irak), para entender qué les llevó a la situación por la que hoy día atraviesan y plantear posibles soluciones encima de la mesa.

PRESA DE ASSUÁN, CONSTRUIDA POR GAMAL ABDEL NASSER.

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