El final de la indefensión aprendida

El poner una ikurriña no es por ninguna convicción política en especial, pues ya sabéis que estoy totalmente en contra de la España de las TAB (Taifas Autonómicas Bribonas), pero hoy el pueblo vasco me ha hecho recuperar esa fe que muchos días se me nubla, pues los hosteleros de Euskadi han hecho gala con elegancia y espíritu combativo del auténtico espíritu español, el mismo de Viriato, el de Colca, el de don Pelayo, el de Aben Humeya, el de los numantinos y el de la Guerra de la Independencia. Quizá su pasado pagano al que desde la entrada de los romanos en la península se han negado a renunciar haya tenido algo que ver… Yo no lo sé, y no es momento de ahondar en ello. Sea cual sea la razón, ¡un hurra por el pueblo vasco!

Y es que es importante que los ciudadanos ahonden en las leyes y no se queden solo con esa fachada de marketing liberal que les venden en los informativos y en la enseñanza. Al fin y al cabo, para algo están escritas , y desde luego su razón de ser no es que acatemos temerosos cualquier orden infundada que se nos dé, como ha querido hacernos ver este gobierno de la ruina, la opresión y la muerte con sus decretos sospechosamente parecidos a la suma legislación de Saddam Hussein. Cito textualmente: “En Irak, una ley es cualquier cosa que yo ponga en un papel”. Ya consiguieron hundir a millares de negocios por todo el país con el pretexto de la expansión del virus. Calmaron algunos ánimos cálidos con novecientos euros de ERE por tres meses de cierre. Han sido los culpables directos de miles de suicidios. Han comprado con el ingreso mínimo vital las lealtades de una gente que ya no tiene nada por lo que luchar y hacen un brillante trabajo como milicia urbana acusando a los vecinos irresponsables, y con palmaditas en el hombro han enaltecido a unos sanitarios que se permiten el lujo de decir al pobre trabajador que ya habrá tiempo de reactivar la economía, pero ahora toca frenar la curva. Pero no han logrado acaparar el poder judicial como ellos pretendían, ni podrán ver cumplidos los dictámenes de la agenda globalista del 2030 que les mantiene calentitos y con un sueldo (porque solo sirven para vendidos, no para arquitectos de nada). La voluntad del pueblo español ha hablado, y no va a aceptar ver a su gente de bien, que solo quiere vivir y trabajar, convertidos en criminales empujados por la necesidad, matándose a puñaladas por una barra de pan en las puertas de los supermercados. Porque las leyes que han intentado a golpe de estatuto imponernos amordazándonos como a esclavos no tienen validez ninguna. Un estado de alarma no puede impedirnos trabajar (y si nos lo impide debemos ser debidamente compensados por los días perdidos), ni puede impedirnos movernos por todo el territorio nacional, ni reunirnos con quien queramos, entre otras muchas cosas, y esta vez ha sido la voluntad judicial la que ha hablado.

Dicen que el tiempo todo lo pone en su lugar. Ahora ha llegado el momento en que las taifas bribonas, antes tan buitrescas, han tenido que recular, porque ahora el ciudadano sabe que la ley está de su lado, y lo que menos les interesa es que la gente se lance a la calle como inevitablemente acabará ocurriendo, porque entonces no les quedará más remedio que sacar a sus fuerzas del orden (a las cuales no les pagan ningún plus por ser sus esbirros) y quedar como lo que son. Los criminales más mortíferos de la historia de la democracia española. Ha llegado la hora de que los pseudorresponsables y solidarios de pacotilla tengan que lavarse la boca antes de llamar a los que reclamaban justicia y dignidad terroristas y psicópatas. Las luchas han de ser graduales, y ahora es el momento de nuestros hosteleros y nuestros comercios. Pronto llegará el momento de hablar del crimen de las mascarillas obligatorias, de los cierres perimetrales, de las vacunaciones asesinas, y saldrá a la luz toda su podredumbre de negocios sucios gracias al santo covid. Por ahora, me contento con saber que falta muy poco para que este gobierno sádico y psicópata tenga que ir puerta por puerta pidiendo perdón a todas las familias y pagando por sus atropellos.

Cierro con estos versos del poeta tunecino Abul Kasim Chebbi:

“Si algún día el pueblo decide vivir, el destino debe someterse a ese deseo, la noche disiparse y las cadenas romperse”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: