Lo mejor de cada casa

Está claro que no hay color. Mucho más me gustaba mi vida de antes, cuando me paraba a hablar con cualquier desconocido por la calle, tocaba, abrazaba y besaba a mi gente querida sin miedo, echaba largos ratos de tertulia con un vaso de café en la mano y me daba paseos nocturnos sin límite en las noches de insomnio tan frecuentes en mí. Pero a todo tiene uno que acostumbrarse e intentar quedarse con lo bueno para mantener la cordura, y lo positivo que saco yo de todo esto es que para introspeccionar me sobra el tiempo. En estos muchos momentos de soledad constructiva y silencio vital al fin he podido echar al desagüe muchas negruras internas estancadas y sacar a relucir mi espíritu libre y combativo que venía tiempo oprimido por el trajín diario y los compromisos y formalidades sociales inamovibles. Ahora, con esta bendita quietud mental, puedo analizar muchos paralelismos que antes simplemente obviaba por falta de atención. Básicamente sobre esto trata la entrada de hoy, en la cual no tengo intención de extenderme demasiado, sino de dejar al pensamiento de cada lector volar libre cuando vea cómo una serie de atrocidades históricas comenzaron y lo traslade al nuboso panorama actual. Algo me dice que esta nueva dictadura global ha escogido concienzudamente lo mejor (lo más represivo) de cada régimen criminal del pasado…

“Vivir sin esperanza”, reza el titular en alemán. Bajo este pretexto de que les estaban haciendo un favor practicándoles la eutanasia a las personas con malformaciones físicas y mentales, los nazis asesinaron a miles de discapacitados “por el bien de todos”
  • Gerontocidio. Durante el nazismo se practicaron un total de 275.000 eutanasias a personas con todo tipo de discapacidades físicas y mentales arguyendo que vivir con semejantes limitaciones era un gran sufrimiento tanto para ellos como para sus familias. Otro de los argumentos comúnmente empleados era decir que los discapacitados solo aportaban coste económico al Reich y no podían producir ninguna riqueza. Ahora estamos siendo testigos de cómo unas vacunas improvisadas para inmunizar a la población frente a un virus de cuya naturaleza, teóricamente, prácticamente nada se conoce, están haciendo estragos entre la población anciana, acelerando su proceso de desgaste de órganos, enfermándolos y matándolos sin ninguna piedad. Apenas quieren hablar de esto las noticias, y si lo hacen nos aseguran que la vacuna es segura, aunque esto no la exime de tener algunos “daños colaterales”, y esos están siendo nuestros queridos abuelos, los mismos que tiraron del carro de sus hijos y nietos cuando durante la crisis del 2008 se vieron sin nada. Los mismos que son hijos de un tiempo en el que las personas convivían con la naturaleza y se hacían fuertes con ella, y eran portadores de valores espirituales que hoy están en declive… Sin ellos solo quedará la palabra escrita, y cuando no quedan testigos de tiempos pasados para hablarnos de los tiempos pasados, las hienas mediáticas encuentran la ocasión perfecta para hablarnos del horror de aquella época y las “bondades” del momento que vivimos.
  • Uso obligatorio de la mascarilla. El Islam, per se, solo contempla el uso del velo femenino obligatorio para las horas del rezo, y mucho antes de la era islámica el hijab era también habitual en muchas sociedades del antiguo Oriente Próximo (la propia Virgen María según las imágenes que tenemos de ella lo portaba), sobre todo como medio de protección frente al sol ardiente de la región. Sin embargo, presuntos estudiosos de teología y jurisprudencia religiosa fueron tomando el control político en ciertos puntos clave del mundo islámico propagando un falso mensaje divino que entendía incultura, sumisión, empobrecimiento y obediencia por parte de la población por una parte, y por otra enclaustramiento y “protección a la mujer. Bajo esta premisa, las mujeres debían salir de casa siempre cubiertas, en los momentos de más laxitud con un hijab, y en otros casos por un niqab que les tapaba toda la cara a excepción de los ojos, o por un burka (cosa que además no es de tradición islámica, sino persa, creada por un sha celoso enfermizo de su gran harén). Para asegurarse de que ninguna fémina se olvidaba del inexcusable cumplimiento de esta ley divina, una policía religiosa armada se encargaría de velar por que ninguna mujer díscola enseñase un simple mechón de pelo. Algo parecido ocurre hoy con la mascarilla (de dudosa legalidad y salubridad), con un montón de agentes del orden patrullando ojo avizor para ver quién no respira su propio aire, inhala gérmenes incluso peores que el propio virus y se mantiene obediente y temeroso del nuevo orden…
  • Cierre perimetral. Tras tomar los comunistas el poder en China tras una larga guerra civil contra los nacionalistas, las autoridades del nuevo régimen llevaron a cabo una larga campaña de nacionalización de toda la industria y la producción agrícola del país, asignaron a cada familia un lugar de residencia del que, salvo que dispusieran de un permiso especial, les estaba terminantemente prohibido salir y levantaron muros allende el paraíso socialista que estaban construyendo para que su población no pudiese ver qué había más allá. Así, quedaba prohibido pasar de una localidad a otra, y millones de familiares tuvieron negado un derecho tan básico como visitarse, contentándose con enviar algunas cartas de vez en cuando para comprobar que todos estuvieran bien. ¿No nos recuerda a algo? Tal vez a esos cierres perimetrales que han aislado a familiares y amigos entre sí y han hundido tantos negocios. El fin de la China comunista con este sistema era evitar que la gente hablara más de la cuenta, ya que de esta forma no confabularían contra el régimen… Tal vez en aquel sistema político de férreo control del individuo, pánico, deshumanización y hambre cualquier cosa puesta sobre un papel fuera ley, pero aquí, en teoría ni con un estado de alarma se puede vulnerar el derecho a desplazarse por todo el territorio nacional. Tienes la ley de tu lado y aún no lo sabes…

  • Propaganda contra los enemigos del régimen. En este saco podemos meter a cualquier régimen criminal de la historia. Lo malo de los totalitarismos suele ser que se da carta blanca a muchos psicópatas para hacer estragos sin ningún control, y esto viene bien a cualquier régimen, ya que de eliminar a sus enemigos se trata. Para los nazis fueron los judíos, los eslavos, los demócratas, los gitanos, etc. y para los comunistas fueron la aristocracia, la burguesía y los que no estaban de acuerdo con su línea de pensamiento. Según el nuevo covidiotismo, el enemigo es todo aquel que cuestiona las nuevas medidas para frenar la curva: negacionistas, conspiracionistas, libertarios… y sus medios de comunicación ya se encargan muy bien de apadrinar a la pseudociencia que más les conviene para desterrarles y dejarles fuera de juego, como si estuvieran locos…
  • Sistema de acusaciones. Remontémonos a los tiempos de la Santa Inquisición. El cristianismo, como ninguna religión, nunca dejó dicho nada relacionado con el castigo corporal, la muerte o la humillación contra los falsos creyentes o los enemigos de la fe, pero como por aquel entonces la fe era el mantra más poderoso de control social, las jerarquías eclesiásticas no dudaron en aplicar una falsa ley religiosa para por medio de la sanción y el dolor reconducir a la persona hacia el camino del bien. En la mayoría de los casos, los inquisidores no actuaban como una policía amedrentando a la gente común en busca de falsos creyentes, sino que eran los propios ciudadanos los que alertaban de que tenían un vecino moralmente desviado. Algo parecido vemos hoy con las denuncias entre gente de a pie por saltarse un confinamiento, no llevar la mascarilla… No hay nada mejor que tener a dos bandos muy bien definidos enfrentándose.

  • Censos de vacunación. Volvemos a los nazis. Las SS y la Gestapo elaboraron toda clase de censos de indeseables a los que mandar a campos de concentración por molestar al régimen. Según como se han proyectado las medidas de vacunación, inscribirán en un listado a las personas no vacunadas, y los empresarios y la administración pública podrán reservarse el derecho de despedirles por no meterse esa dudosa sustancia en sus cuerpos (de los que son dueños). En Galicia han ido las leyes mucho más lejos, llegando a proponer el ingreso de quienes se nieguen a vacunarse en “centros de aislamiento” (no sin razón han llamado a esta medida Ley Auschwitz). Además de eso, tienen proyectado prohibir a los no vacunados viajar o salir sin permiso.
  • Sentimiento de pecado. Vuelvo a apelar a esa culpa paralizadora que en el subconsciente lleva colgando el mundo occidental por culpa de las teocracias cristianas. Salir a la calle, visitar a tus familiares y amigos, disfrutar de un café y un cigarrillo en un banco en una plaza, tomar el sol, ir a la playa, tomar una copa en tu bar de siempre… son pequeños actos que se han convertido en motivo de cargo de conciencia de un día para otro. Con tu sentimiento de culpabilidad, tu ira aplacada en las paredes de tu casa y tu falta de vitalidad y socialización, pretenden convertirte en un ser inútil, cada vez más frágil ante el más nimio patógeno microscópico que se acerque a ti. Hay que leer más para darse cuenta de hasta qué punto puede fortalecer la vitamina D del sol tu sistema inmunológico… Siempre serás culpable del aumento de la curva pase lo que pase, como lo eres de estar vivo.

  • Censura. Todos los regímenes han usado sus correctores rojos particulares para definir los límites entre lo que es correcto y lo que no. En España hemos consentido que una empresa privada de carácter completamente ideológico (NEWTRAL), regentada por la famosa Ana Pastor, con plena potestad para decir qué es bulo y qué no, qué debes pensar y por qué, cuestionando hechos incuestionables como que fue la izquierda en 1931 quien votó en contra del sufragio femenino, y haciendo márketing de la ciencia que más conviene a la política del momento. Vagamente me recuerda al orwelliano Ministerio de la Verdad…

Hasta Cervantes es censurado…
  • La ciencia al servicio del régimen. Quédate en casa, enciérrate a la hora del toque de queda, no hables en el metro, no te despegues de la mascarilla, relaciónate lo menos posible… Durante el nazismo, unos meticulosos estudios “científicos” también hablaron de la superioridad racial de la raza aria.
  • Cierre de negocios. En una Venezuela empobrecida y en quiebra técnica fue a picar en el poder un Hugo Chávez vendiendo promesas sobre la imperiosa necesidad de hacer una revolución popular para devolver a los más desfavorecidos lo que les fue arrebatado. En el nombre de esa revolución se derribó gran parte del tejido empresarial que aún quedaba a Venezuela sin compensación de ningún tipo, generando aún más desempleo del que ya había, se llevó a cabo una cruel política de expropiaciones y quedó un gran número de personas sin trabajo ni porvenir, totalmente dependientes del estado. Algo así parece estar sucediendo ahora, con un gobierno (cuyo vicepresidente dijo claramente en la televisión venezolana que es necesario que las ideas de América Latina invadan Europa) y sus taifas bribonas que sin ningún escrúpulo ni amparo constitucional cierran los negocios cuando les place y hunden en la ruina a miles y miles de familias en nombre de la seguridad de todos. Sin compensaciones a los empresarios y a sus trabajadores ni consideración, han conseguido llegar a la horrenda cifra de seis millones de parados, algo que en España, por más malos gobernantes que nos han tocado en suerte, nunca hemos visto. ¿Conseguirán hacernos dependientes del estado? ¿O de multinacionales que a saldo están comprando nuestro comercio y nuestra industria?

Por la seguridad de todos, como nos repiten una y otra vez, se han violado las libertades humanas más elementales a lo largo de la historia. No es que crea personalmente en nuestra democracia actual, que es más partitocrática que otra cosa, pero primero se trata de salvarla y luego de evolucionar hacia un sistema donde por fin la voz ciudadana se tenga en cuenta. El primer paso es reconocer los medios de manipulación social de esta dictadura globalista, antiespiritualidad, inutilizadora y oligárquica que lentamente está consiguiendo sus objetivos, y eso ya lo estamos haciendo. No dejemos que la inercia nos lleve quitándonos lo poco por lo que merece la pena vivir…

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