Una de maestros samurais y pupilos

No es precisamente el dato más alentador ver nuestra posición en los ránkings mundiales de educación, mucho menos cuando vemos que el área en la que peor parados salimos con diferencia es en la de habilidad y comprensión lectora, que es la competencia base para entender la problemática del mundo actual y moldear nuestra libertad vital de conciencia. No obstante, y a pesar de ver cómo esta radiografía saca a la luz en su más plena desnudez una de nuestras verrugas más grandes, no me preocupa especialmente la calidad decadente de nuestro sistema educativo, básicamente porque no estamos hablando de nada que no podamos tirar abajo cuando de una vez por todas queramos ver su ineficacia. Después de todo, tenemos la gran suerte de contar con un profesorado altamente preparado, con verdadera pasión por lo que hace y firmemente comprometido con la labor educativa. Sin ningún temor a equivocarme puedo afirmar que el 90% de los docentes de este país se corresponden con esta descripción, y lo que más admiro de ellos es que no se acobardan con la ideología coartadora del partido político de turno cuando la veleta cambia de dirección, ni con las nuevas leyes contraeducativas, huecas y deshumanizadoras, sino que para ellos significa un aliciente más para luchar por lo que es justo para sus alumnos. Un gremio admirable sin duda, blando de corazón y al mismo tiempo armado de una resistente armadura de acero (por todos los temporales que vienen soportando durante muchos años), que aguantan la imposición de densos temarios que sí o sí tienen que impartir a contrarreloj dando igual que los alumnos puedan o no asimilar tan ingente cantidad de contenidos. Eso por no hablar de los continuos despropósitos que tienen que sufrir por parte de los alumnos (las verdaderas víctimas de esta educación veleta y simplista), y de facciones polarizadas de padres: los que afirman que a los hijos se les envía a los centros educativos para que los docentes les eduquen, y la otra cara de la moneda, los pseudolibertarios que consideran que cualquier gotita de emocionalidad en el discurso de profesor significa que están adoctrinando a los pobres menores.

La educación de la memoria fugaz que desemboca en el olvido. A la manera de entender del sistema, antiséptica, aunque más cargada que nunca de ideología. Sin emoción en el discurso, solo banal cumplimiento del deber. El docente no tiene más armas para disuadir al alumno en sus faltas de respeto a sus profesores y compañeros que un vulgar sistema de partes de amonestación al más puro estilo carcelario, olvidando por completo que una de las principales funciones que conlleva educar es hacer ver al alumno que los actos tienen consecuencias. Al final nos acabamos reconociendo por lo que hemos cosechado. Jóvenes capaces de darnos lecciones magistrales sobre el uso de teléfonos móviles, redes sociales, aplicaciones y toda suerte de dispositivos electrónicos (una de las principales fuentes del acoso escolar actual), pero cansados de estar sentados escuchando interminables verborreas llenas de conceptos de dudosa utilidad para su vida futura, mientras su potencial reflexivo y creativo se ve bruscamente frenado. Contradicción y relativismo cognitivo y moral por todas partes, sin autoridad ni referente moral, solo efímeras palabras que el tiempo va arrastrando consigo y aprobados express. Tengo que sentarme a reflexionar sobre eso a lo que llaman adoctrinamiento…

Por lo general nunca he sido un especial admirador de las culturas asiáticas, y los que me conocéis personalmente ya sabéis de mi rotunda antipatía por ese colectivismo doblemoralista basado en la honra a la familia a cualquier precio, hasta renunciando a tus propios pensamientos y sentimientos. No obstante, en materia de educación encabezan los ránkings, así que no estaría mal observarles y extraer lo bueno de esas sociedades sin por ello convertirnos en una réplica de ellos. Precisamente ayer hablaba en un aula llena de chavales de entre quince y dieciocho años sobre esto. La gran lacra de nuestra educación es que está llena de teoría inservible, con un limitado trabajo de campo en el que se enseñe al estudiante a vivir como sujeto del proceso productivo de la sociedad a la que se incorporará el día de mañana. Los países que sobresalen son precisamente los que menos teoría y exámenes hacen, y en lugar de eso apuestan por llevar a sus alumnos a tocar, observar, ver y analizar la realidad en la calle siendo partícipes de ella, animándoles a llevar a cabo sus propias creaciones. Y por supuesto, los que por base tienen algún tipo de imperativo como garante de una buena convivencia entre toda la comunidad educativa, como el respeto esencial a la figura del profesor y a sus compañeros. Yo en particular no hay cosa que recuerde con más añoranza que aquellos profesores que cuando me veían decaer o desviarme me llevaban a su despacho a hablar conmigo e infundirme ánimos, como si fueran otros padres. En los países asiáticos así lo entienden, en un ambiente de reflexión y diálogo constructivo en el que las dudas y las capacidades del grupo son puestas en funcionamiento y mejora constante, se potencia la creatividad del niño, se le obliga a recoger y limpiar el centro antes de marcharse a casa y se cuida por su crecimiento mental, físico y espiritual, mediante la práctica del yoga y la meditación para controlar la mente y expandirla, las artes marciales como manera de conocer el propio cuerpo y desplegar sus potenciales y los valores tradicionales de respeto a los mayores, amor a la familia y honor personal.

Aquí, en cambio, los profesores se encuentran con sus ilusiones y ganas de innovar capadas, sin más opciones que correr contrarreloj para impartir un temario antes de que acabe el trimestre y en una sociedad reticente a los cambios, y llena de recelos ante lo nuevo que los niños puedan descubrir, pero como dije antes, no tengo miedo a la alienación tecnológica de la infancia ni a los valores imprecisos y borrados, pues el gremio docente ha demostrado ser uno de los más estoicos y valientes, y sé que lucharán por una educación de calidad.

Un comentario en “Una de maestros samurais y pupilos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: